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Sant Antoni multará con hasta 3.000 euros a los
bares que inducen a emborracharse
El Consistorio reconoce que
el grado de incumpliento de esta normativa es «lamentablemente cada vez mayor,
con el consiguiente deterioro higiénico del entorno urbano y su imagen
turística»
El concejal de Gobernación y Turismo del Ayuntamiento de Sant Antoni, José Ramón
Serra, 'Pilot', anunció ayer que el Consistorio impondrá multas que pueden ir
desde los 30 hasta los 1.500 euros a las personas que ingieran alcohol en los
espacios públicos, mientras que bares, cafeterías y discotecas con oferta o
práctica del `todo incluido´ podrán ser sancionados con entre 1.500 y 3.000
euros. Se trata de medidas sancionadoras que se aplicarán en aquellos casos «en
los que el consumo de bebidas se realice fuera de los espacios autorizados, en
envases de vidrio y causen molestias a vecinos y usuarios de dichos enclaves».
Sant Antoni | Pep Ribas
El Ayuntamiento de Sant Antoni ha detectado que una serie de bares del interior
del pueblo están ofreciendo en sus terrazas cócteles alcohólicos a muy bajo
precio y considera que esta práctica induce a los clientes a emborracharse, lo
que puede propiciar desórdenes públicos, a la vez que ejercen competencia
desleal a los demás establecimientos, por lo que el concejal de Gobernación y
Turismo, José Ramón Serra, Pilot, anunció ayer que esta práctica será sancionada
a partir de hoy y sugirió también que si los establecimientos reinciden el
gobierno municipal podría llegar a retirarles la licencia de ocupación de la vía
pública.
«Creo que se están utilizando estas terrazas de una forma ilegal, ya que no
coincide con la licencia de ocupación que hemos concedido y quiero dejar claro
que vamos a incidir muy seriamente en este tema», puntualizó el responsable
municipal.
Pilot hizo estas declaraciones en rueda informativa el mismo día en que el
Ayuntamiento empezó a repartir en bares, bodegas, hoteles, agencias de viajes y
otros establecimientos un bando del alcalde derivado de las ordenanzas
municipales sobre convivencia, en el que recuerda la prohibición de beber
alcohol en envases de cristal en la vía pública .
En el bando se reconoce literalmente que «el grado de incumplimiento de esta
normativa es lamentablemente cada vez mayor, con el consiguiente deterioro
higiénico del entorno urbano y su imagen turística, considerando imprescindible
poner fin a esta situación».
El bando refleja las sanciones de las que pueden ser objeto los infractores, y
que oscilan entre los 30 y los 750 euros las faltas leves, mientras que las
graves irán de los 750 a los 1.500.
Como muy grave está catalogada «la oferta o práctica del `todo inluido´ en
bares, cafeterías, bares musicales, cafés concierto, discotecas, salas de fiesta
y similares». Esta infracción se castigará con multas de 1.500 a 3.000 euros.
Pilot incidió en las medidas tomadas por el Consistorio contra algunos locales
reiteradamente denunciados por ruidos, como un restaurante en Sant Rafel que
trabaja como discoteca y que fue clausurado por orden municipal. Un auto de un
juzgado de Palma ha suspendido cautelarmente esta orden, por lo que ayer mismo
se esperaba que abriese de nuevo sus puertas.
No obstante, el juzgado ha convocado una audiencia que se celebrará hoy en Palma
de Mallorca, en la que se determinará si el decreto de cierre se levanta, se
retira o se modifica.
El concejal mantiene que la licencia con la que cuenta el restaurante denunciado
no le permite la actividad que desarrolla y esta es la postura que el
Consistorio mantendrá en el juzgado.
En el mismo sentido, el Ayuntamiento ha reclamado documentación a un bar musical
de es Caló des Moro que ha sido objeto de numerosas denuncias por ruido. Sus
propietarios tienen un plazo que expira mañana para presentar la documentación
que se le ha reclamado. En caso contrario, el Ayuntamiento ordenará su cierre.
El `Don Pedro´ se limpia en
es Botafoc
El extremo final del dique sirve
de base de operaciones desde la que se coordinan todos los trabajos de los
equipos de emergencias, al tiempo que centraliza la gestión de todos los
residuos recogidos en mar y tierra
EIVISSA | S. PARRA
Aunque ha permanecido apartado de la atención pública, el muelle de es Botafoc
es uno de los puntos fundamentales de todo el dispositivo de emergencia
desplegado tras el hundimiento del `Don Pedro´, quizás el más importante de
todos. Al final del dique, una explanada de varios cientos de metros cuadrados
alberga el puesto de mando de las operaciones, al tiempo que centraliza la
gestión de los residuos.
Una carpa de la Dirección General de Emergencias del Govern acoge el punto de
control. En su interior, media docena de técnicos de Emergencias y de los grupos
de Operaciones Especiales de Salvamento Marítimo recogen toda la información
sobre los vertidos y la limpieza.
En unas pizarras se plasman todas las tareas y necesidades del día, desde los
reconocimientos aéreos o inmersiones de buzos hasta el número de bocadillos
precisos. Al lado, en varios ordenadores portátiles y colgados al teléfono, los
especialistas recogen todos los datos, desde las llamadas de particulares (se ha
instalado un puesto remoto del 112) hasta las coordenadas de los restos de fuel
que descubren los aviones.
«Todos estos datos los introducimos en los ordenadores y, con programas de
predicción a seis horas que recogen las condiciones meteorológicas y las
corrientes, hemos ido creando modelos para prever dónde se dirigían los restos y
poner los medios para impedir que lleguen a tierra», explica Pablo Garriz,
técnico director de Emergencias del Govern en las Pitiüses y encargado del
operativo en tierra.
«Con 300 personas y multitud de material pesado que desplazar, a veces esto ha
sido una locura», reconoce Garriz mientras que Juan Moreno, jefe de Operaciones
Especiales de Salvamento y encargado de las actuaciones en el mar, añade: «Un
despliegue de este tipo no se ha producido antes en España».
Manejar los residuos
Además de acoger el `cerebro´ del dispositivo, es Botafoc se ha convertido en
una gran plataforma logística que ha centralizado las labores de limpieza, al
contar con espacio para que descarguen los camiones que traen los restos de las
playas, y con una zona de abrigo que permite el trasvase de elementos
contaminados desde los `pelícanos´ y `virots´.
En un parte se han instalado dos tiendas de Cruz Roja que sirven para que los
trabajadores se quiten los equipos de limpieza y se hagan una primera limpieza.
Mientras la ropa va a un depósito de elementos contaminados, el personal pasa a
un depósito similar a los instalados en Talamanca. Allí reciben una ducha y se
quitan los restos de combustible aplicándose dos tipos de gel: primero uno
neutro y después otro desengrasante especial para fuel.
En un rincón, se apilan tres contenedores metálicos de escombros llenos de
restos sólidos (maderas y plásticos entre los que destaca parte de la quilla de
un barco). En otro punto del muelle, decenas de bolsas con arena, algas sucias y
equipos de trabajo contaminados. Unos y otros restos deberán ser enviados a un
gestor de residuos autorizado.
Junto a depuradoras listas para su uso si fuera necesario, una hormigonera
parece estar fuera de lugar, pero todo tiene su razón de ser. «Aunque en el
filtrado que se hace en la playa se separa el grueso de fuel, la arena sigue
manchada, por lo que tendría que ser enviada a la Península para ser tratada»,
explica Garriz. «En la hormigonera introducimos dos partes de agua y, con el
choque de los granos de arena por el giro de la cuba, se separan los restos de
combustible y la arena queda mucho más limpia», añade.
Un turista húngaro mata a su pareja y se suicida 24 horas después en es Cuieram
La Guardia Civil cree que siguieron un ritual «místico» que se
encontró detallado en un `pendrive´ en la habitación del hotel
en que se hospedaban. El hombre la inmovilizó y la asfixió con
una cuerda.
Sant Vicent | P. Prieto
Un turista húngaro de 46 años, cuyo cadáver apareció colgado del
cuello en un pino, es el principal sospechoso de la muerte de su
pareja, una chica de 29 años de la misma nacionalidad que fue
hallada a los pies del mismo árbol el miércoles por la mañana en
una zona boscosa situada en las inmediaciones de la cueva de es
Cuieram (Sant Vicent de sa Cala). La autopsia, practicada ayer a
los dos cadáveres, revela que el hombre llevaba un día muerto
mientras que la mujer falleció 24 horas antes que él.
Al parecer, el hombre le ató las manos a la espalda con unos
grilletes y la asfixió con una cuerda tras provocarle varios
cortes con un cútter. Un día después, se suicidó ahorcándose en
el mismo lugar.
Los primeros indicios apuntan a que la pareja pudo acordar una
especie de sucidio, dentro de un ritual «místico». La
explicación de este ritual apareció en un `pendrive´ de
ordenador que se encontró en la habitación del hotel Abrat de
Sant Antoni, en la que se hospedaban ambos desde el pasado mes
de mayo.
Entre las pertenencias de la mujer se encontró una carta fechada
el 22 de julio en la que la pareja nombraba a una familiar como
heredera en caso de que les pasara algo durante sus vacaciones
en Eivissa. A pesar de que esta misiva y el ritual hacen pensar
a los investigadores que se trata de un suicidio pactado, las
señales de violencia que se encontraron en el cuerpo de la mujer
apuntan a que el hombre tuvo que forzarla, inmovilizarla y
golpearla antes de asfixiarla con una cuerda. Fuentes de la
investigación matizaron que «no parece un típico caso de
violencia de género» y abogan por una mezcla entre un suicidio
ritual y un asesinato. «Se llevaron su secreto a la tumba»,
sentenciaron fuentes de la investigación.
Junto a un sendero en el bosque
Los dos cuerpos fueron hallados casualmente a las once de la
mañana por un turista suizo que paseaba por un sendero del
bosque. La escena que se encontró era escalofriante: la mujer se
encontraba con las manos engrilletadas atrás, con la espalda
apoyada en el árbol, y algunas señales de violencia en el
cuerpo. Por los alrededores había varios pañuelos de papel,
prendas y toallas ensangrentadas. Sobre la chica, que ya estaba
en estado de descomposición, colgaba el cadáver del hombre,
ahorcado con una soga en la rama del mismo árbol.
El turista que descubrió los cuerpos se dirigió a la cueva de es
Cuieram donde informó de lo que había visto a la vigilante de
este santuario púnico. La empleada, a su vez, lo comunicó a la
Policía Local de Sant Joan y a la Guardia Civil, que efectuaron
una inspección en profundidad y dieron aviso al juzgado de
guardia.
El cuerpo de la chica iba vestido con un pantalón de chándal y
zapatillas de deporte, aunque no llevaba la ropa bien puesta.
«Parecía como si la hubiera vestido el hombre», explicaron
testigos presenciales. Aparentemente, la sangre procedía de su
cuerpo, ya que en una mochila se encontró una cuchilla tupo `cutter´
y había manchas también en el interior de sus pantalones, aunque
aparentemente procedían de su menstruación.
Los dos fallecidos son Robert B., de 46 años, y Katahn O., de
29, una pareja de turistas de nacionalidad húngara que se
alojaban en el hotel Abrat de la zona de Caló des Moro, en Sant
Antoni. La pareja llevaba hospedada en este establecimiento más
de un mes y tenía previsto abandonarlo próximamente. Al parecer,
no se les veía por el hotel desde hacía dos días. Otras fuentes
explicaron que el hombre pudo asesinar a la mujer el lunes,
regresar al hotel, cambiarse de ropa y, después, volver al lugar
del crimen para suicidarse.
A pesar de esta primera reconstrucción de los hechos, fuentes
judiciales explicaron que se está pendiente de unos análisis
para descartar definitivamente la presencia de una tercera
persona en este crimen, aunque los investigadores destacaron
ayer que no se han apreciado indicios de ello.
Fuente: Diario de Ibiza |
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